La danza folclórica desde la formación, la calidad y la supervivencia

Por: Juan Carlos Pechené Pachón

Bogotá, para muchos es un referente de oportunidades y mejores condiciones, un lugar en el cual convergen los múltiples lenguajes de la cultura del país. Es en esta ciudad donde nace la compañía de danza Cochaviva, un proyecto cultural de Alexander Martínez, bailarín, coreógrafo y docente, proveniente del Municipio de Fresno – Tolima, quien se vinculó formalmente a la danza en el Centro de Expresión Cultural de Fé y Alegría (CEC) ubicado en la localidad de Usme, hace ya varios años. Como estudiante de la licenciatura de Educación Artística de la Universidad Minuto de Dios, Martínez, se vinculó al grupo de danza de esa universidad, bajo la dirección del maestro José Luis Guerrero, director de la Compañía Yambaló, quien dirigía en ese momento el grupo representativo de esa institución. Es en este espacio de encuentro entre la danza y su profesión, donde se consolida su formación en relación con la dirección coreográfica y de grupos artísticos.

Martínez, especialista en docencia universitaria de la Universidad del Área Andina, y docente del grupo de danzas de la Universidad La Gran Colombia, nos habló sobre el proceso de creación artística, la percepción de calidad de la danza, el desinterés de la sociedad a pagar una boleta y las dificultades de la formación en danza folclórica y de vivir de la danza.

(P): ¿Cómo se desarrolla la formación de la danza folklórica?

(AM): La mayoría de las técnicas de danza tienen una disciplina o rigurosidad muy fuerte. Por ejemplo: si hablamos del ballet, debemos afirmar que este es muy estricto, si hablamos del contemporáneo, debemos hablar de la experimentación, esa protesta al ballet que se dio en algún momento. Sin embargo, cuando hablamos de danza folclórica, entran a jugar otras variantes. Entran a jugar lo popular y lo tradicional. Considerando esto, podría decirse que lo que vincula al bailarín con la danza folklórica, muchas veces, son los lazos de amistad y la oportunidad que tiene de divertirse, viajar y conocer otras formas de relacionarse con su entorno, una orientación pedagógica diferente a las que se expusieron anteriormente.

Pero ¿cómo poder generar una pedagogía desde la danza folclórica, como proyecto integrador de las artes? valiéndonos de otras técnicas que pueden aportar a consolidar estos procesos de formación que son importantes, porque un bailarín debe estar preparado, debe tener un acondicionamiento físico, debe saber sobre técnicas, conocer su cuerpo desde su expresión corporal, desde la dramaturgia para la danza, elementos que confluyen en la formación.

(P): ¿Cuál ha sido el proceso escénico de la Compañía Cochaviva a lo largo de su trayectoria? ¿Qué lo diferencia de otras agrupaciones?

(AM): Nuestro proceso inició recreando la danza folclórica colombiana, como nuestra fortaleza, sin embargo, hemos venido desarrollando un proyecto bien interesante y es poder hablar de la dramaturgia para la danza. Por lo que nos preguntamos ¿Cómo podemos, a través de los elementos cotidianos, recrear momentos históricos de nuestro país, momentos que han permitido mostrar la vida política, social, la misma danza, ya que esta también, ha evolucionado?

Es así que, hemos enfocado nuestro trabajo a poder proyectar ciertas obras que cuentan la historia y la tradición, por medio de la danza empleando diferentes elementos como la tristeza, la alegría, el dolor, la guerra, entre otros.

Muchos de nuestros jóvenes ven la danza como algo aburrido, algo viejo, pero Cochaviva, ha buscado elementos que permiten que los jóvenes se interesen por estos procesos de danza, porque de alguna u otra forma se conectan con ese bailarín que no solo baila, sino que también puede contar historias a través de su cuerpo, que puede dar un mensaje y puede difundirse a nivel nacional e internacional.

Considerando esto, podemos decir que nuestro proceso creativo y como lo ponemos en la escena, es lo que nos diferencia de los otros grupos. Cochaviva no solamente presenta un espectáculo interpretando una danza tras otra, sino que a través de la dramaturgia para la danza emplea otros elementos folclóricos con los que una puesta en escena da un mensaje, ya sea para recordar, para recuperar una tradición, para recrear algún hecho folclórico que sigue vivo, y que ha venido evolucionando durante todo el proceso histórico del país.

(P): ¿Qué se entiende por calidad artística y cómo la ha desarrollado su compañía?

(AM): La calidad escénica puede referenciar muchos elementos, uno de ellos tiene que ver con el escenario, las características adecuadas que debe tener para poder interpretar una obra, por ejemplo, el piso, las luces, la parte técnica y todos los elementos que tengan que ver con la dramaturgia. Otro factor importante es la calidad en el vestuario, pues pienso que es importante que yo pueda contar a través del color y la figura, cómo quiero transmitir el mensaje y que la gente desde su punto de vista, pueda entender y sentirse tocado en algún momento, no solo por los movimientos, sino también, por la selección musical y coreográfica.

Algunas compañías nos hemos preocupado mucho por mejorar ese tema, es decir, nos hemos formarnos para la producción de nuestros espectáculos, porque no solamente debemos mantener el nivel del repertorio, sino también mostrar ese plus o esa diferencia como compañía, es decir, qué obras o que elementos no se han visto en Bogotá, para que uno pueda decir, este es mi espectáculo, mi propuesta y mi factor diferenciador.

Lamentablemente, en Bogotá algunas compañías no se han preocupado por lo que van a ofrecer, pues, muchos de los bailarines folclóricos piensan que es simplemente ir a ensayar y no están dentro del proceso de formación en cuanto a la producción de una obra. Pienso que la gente aún está en ese proceso de poder entender que la danza folclórica puede evolucionar y que tiene un trabajo consolidado con lo que tiene que ver con la puesta en escena de los espectáculos.

(P): ¿Por qué cree que el público en general no quiere pagar por ver danza?

(AM): Se ha acostumbrado al público que todos los espectáculos deben ser gratis, que todos debemos tener acceso a este y no se ha educado para valorar este tipo de obras. Esto tiene un trasfondo muy grande y es que nosotros los colombianos, no nos hemos dado cuenta que a través de nuestra identidad folclórica podemos unir el país.

Perú, Ecuador y otros países, han dado un paso adelante, pues tienen una recopilación de sus danzas, que son utilizadas en eventos cotidianos como fiestas, matrimonios, etc. ya que encuentran ese valor importante como peruanos y ecuatorianos. Sin embargo, en Colombia todavía estamos en ese proceso e incluso de reconocer los ritmos musicales, ya que muchos no conocen ni siquiera que es una cumbia, un bambuco o un aire nacional como el pasillo, porque lo ven como lo popular lo de pueblo, sin darle la importancia que debe tener el folclor colombiano, que en realidad es lo único que nos identifica.

Perú se dio cuenta después de 500 años que su folclor puede fomentar empleo, a través del turismo, pero en Colombia todavía tenemos influencia de muchos países lo que no permite que se consolide un proceso claro, entonces cuando hay un espectáculo u obra que tiene un trabajo claro, la gente no lo valora y son pocas las personas que ven y participan de este arte, pues los jóvenes se han dejado influenciar por modas de otros lados y en realidad es la gente adulta la que valora un poco este trabajo. También hace falta generar políticas culturales claras que hagan reflexionar a los colombianos sobre la identidad folclórica, el placer de pagar una boleta por un espectáculo, que muchas veces se reconoce por fuera de Colombia, pero se niega en el país.  

(P): ¿Por qué es difícil vivir de la danza?

(AM): En este país es difícil vivir de la danza, no solo por lo que significa formarse, pues hay pocas instituciones donde se ofrece la danza como formación profesional.

De hecho, en Colombia tenemos licenciaturas en educación básica, pero con un énfasis en danza muy pocas, digamos que la única institución que cuenta con un programa de formación es la ASAB (Academia Superior de Artes de Bogotá) que ofrece el programa de Arte Danzario en danza contemporánea… En algún tiempo, existieron los Institutos Populares de Cultura en Cali y Medellín, que ofrecían una formación en Folclor pero como tal, hay muy pocas instituciones que se dediquen a la formación profesional de la danza  tradicional o folclórica.

Desde la danza se han hecho muchos procesos pero es difícil poder consolidarlos en una profesión como tal, pues todavía hay muchos bailarines que no tienen afiliaciones a salud… muchos que no tenemos seguridad social… lo que causa que a uno le toque tener un trabajo base y dejar el arte danzario como entrada extra; difícilmente en las compañías podemos decir que les damos un salario a nuestro bailarines, ya que los ingresos deben autogestionarse e invertirse en viajes, vestuarios, música, convocatorias, entre otras, lo que genera una difícil gestión que muchos estamos en la tarea de mejorar y aprender día a día.

Intentamos de alguna u otra forma incentivar en nuestros bailarines, la formación, para que puedan tener experiencia en talleres de danza, lo que permite consolidar el trabajo, sin embargo, esa experiencia que uno lleva año tras año tristemente se ve desperdiciada de un momento para otro, pues esto no se reconoce.

No he vuelto a escuchar en este país grandes glorias de la danza como la maestra Delia Zapata Olivella o Jaime Orozco, quienes fueron grandes personajes que murieron, dejando un legado en sus bailarines y en algunas personas pero que nunca fueron reconocidos por el Estado, por construir país y mostrar el folclor colombiano por todo el mundo… Es triste ver que la danza no tiene memoria y que ese reconocimiento por el otro, no exista…

En este país es difícil decir que uno vive de la danza… Para sobrevivir hay que tener contrataciones privadas que permitan satisfacer medianamente las necesidades básicas.  Por ejemplo, Cochaviva genera otros ingresos pero también otros gastos, que permiten liberar algunas cosas, sin embargo, todo el tiempo estamos en la lucha de poder conseguir algún recurso que permita mantener la formación de quienes hacemos parte del grupo, buscando de forma independiente traer talleristas nacionales e internacionales que mejoren el repertorio de la Compañía, de esta forma, poder participar en las convocatorias que abren el Ministerio de Cultura y el IDARTES, cuyos recursos no son muchos, pero son un aliciente para el sector.  

Finalmente, creo que para poder medianamente sobrevivir uno debe vincularse al trabajo en red con otras organizaciones o grupos que le permitan generar ingresos y poder autosostenerse como compañía…

Fotografías: Archivo Cochaviva